Esa noche las cosas
transcurrían como de costumbre, todo estaba en su lugar, como debía ser, el
ventilador ya estaba encendido, la luz apagada, y el beso acostumbrado rodó por
mi mejilla, nunca pensé que algo así pudiera llegar tan pronto, y cambiarme la vida
para siempre; esa noche, vi como su cuerpo se paralizaba ante mis ojos, en su rostro
había una sonrisa ingenua y genuina, que estaba en cualquier parte menos
conmigo, una frase incoherente y extraña salió de su boca, y su mirada apuntaba
a todos lados y a ninguno, no supe qué hacer, no sabía qué sucedía, toda esa situación
fue tan inesperada, empecé a gritar, a pedir ayuda, mi papá y mi hermana llegaron
acudiendo a mi llamado, le pregunté, ¿qué le pasa papá, qué le pasa a mi mamá?
él la tomó de las manos y la llevó hasta la cama, los ojos de mi mamá miraban
en todas las direcciones, como buscando respuestas, respuestas que ninguno de
nosotros teníamos, la ambulancia no tardó en llegar, yo estaba caminando detrás
de ella, rogándole, suplicándole que no se muriera, que no me dejara sola.
Otra vez esa horrible
enfermedad que los médicos tranquilamente llaman cáncer apareció, retumbó en
mis oídos, pero de una manera más agresiva, más dura, su nombre ahora era metástasis,
mi mamá no había podido ganar la batalla y su cuerpo se estaba consumiendo poco
a poco sin que ella siquiera lo notara.
Quince días después
de estar en el hospital mi mamá pudo volver a casa, yo ya sabía cual iba a ser
el final de esa horrible pesadilla, cinco, seis meses, ese era el plazo, el
tiempo pasó y el cuerpo de mamá se fue deteriorando, fue cediendo, ella luchó,
peleó como nunca, se apegó a la vida pero la batalla ya estaba perdida.
Su mirada nunca
perdió ese brillo especial, ese toque de amor puro. Una mañana su aliento se
apagó, su cuerpo se enfrió y su corazón lentamente dejó de latir...
…unos días más tarde
yo estaba en medio del mar, en una pequeña embarcación, abrí la bolsa y las
cenizas empezaron a salir, el viento cambió de dirección y fue hacia mí como si
fuera un último abrazo, un último adiós, el viento las lanzó contra el azul
océano y se fueron al fondo del mar, el brillo en los ojos de mi mamá quedó
grabado en mi memoria para siempre, y ese toque de amor puro que tenía todo lo
que ella hacía quedará reservado en mis mejores recuerdos para el resto de mi
vida.