La vida es una sopa de años, que se
va calentando poco a poco, al principio no tienes más que un gran recipiente
con agua y uno que otro pedacito de tomate flotando, le metes las manos,
balbuceas en ella, haces burbujas, la revuelves, la tomas y la devuelves,
mientras tu mami, trata de metértela nuevamente en la boca con esa cuchara de
osito que tanto te gusta, con los años, le pones a tu sopa todo lo que
vas encontrando por ahí, pelusas, tierra, pelos, hasta lombrices y va tomando
un poco más de color, aun necesitas ayuda para revolverla y está tan fría
que no llega a ser ni un mal gazpacho, pasan meses y tu sopa ya tienen
sus primeros crayones, un libro, plastilina y la lonchera de animalitos que te
compro tu papá para tu primer día de escuela, también tiene las lágrimas que
derramaste ese día, un poquito de mocos y muchos gritos, ha adquirido más
textura, ya no es tan transparente como al principio.
A tu sopa le han caído poquiticos de otra
sopas, como aquel día en que ese amigo tuyo que es tan, o aun más flaco y
débil que tú, te ayudo a defenderte de ese gordo grandulón al que todos le
tienen miedo, con los días a tu sopa se le han añadido nuevos ingredientes, ya
tiene letras, sumas, restas y hasta divisiones con fraccionarios, tiene una
pizca de 1, 2, 3 por mi y toda la barra, tiene Boy, pasto de las salidas a la
finca, un pimentón que te encontraste mientras esculcabas las cosas de tu
hermana en busca de su diario.
Tu sopa tiene más esencia y una que otra
mariposa que se ha salido de tu estómago en un mar de suspiros, tiene un sabor dulcecito
como a chocolate que destilaste de tu primer beso, un amargo de ese trago de
cerveza que te robaste del vaso de tu tío o quizás lo echaste sin darte cuenta el día que esa niña que te gustaba, te
dijo que no, ahora tiene un poco de sabor a limón, mango biche, obleas y
solteritas, tu sopa se empieza a tornar más viva, y ese tono transparente
que antes tenía se ha convertido en un rojo brillante, lleno de energía, dudas y
sueños, tu sopa luce más como un chile con carne, le haz agregado, picante, uno
que otro placer, y una película porno que te presto el amigo de tu amigo, hace
días te diste cuenta que a tu sopa no le sienta bien el cigarrillo, los sabores
ahumados no son lo tuyo, es más te dan ganas de vomitar y te ahogan. A tu sopa,
por estos últimos días se le han metido varios regaños, estás cansado de
escuchar a tu mamá discutir porque la dejas fuera de la nevera después de las 2
de la mañana y además de todo le das tantas vueltas y Vodka que al otro día
amanece convertida en fríjoles borrachos, por primera vez, tu sopa comienza a
sacar unas burbujitas que suenan a latidos de corazón y por fin has
conocido ese esencia mágica que no encontrabas en ningún supermercado, a tu
sopa se le suman largas conversaciones telefónicas, llenas de diminutivos y
miel, ha conocido el amor y hierve con más fuerza que nunca, está llena
de amigos, y experiencias compartidas, las papas criollas y el colegio se
deshicieron, junto con tus juegos de infancia, se convirtieron es sustancia, en
logros conseguidos, tienes que revolverla continuamente para que no se peguen
los cientos de documentos que tu universidad ha dejado en ella, tu sopa aprendió
a trasnochar, a tomar redbull, y aguardiente, conoce el saborcito que dejan los
celos y el desamor, tiene arroz con habichuelas, mucha salsa, y hasta
reggaeton, tu sopa, tiene lágrimas, mordiscos, ilusiones y decepciones, es
espesa, apasionada, con volumen, música y poemas de amor, tu sopa se sigue cocinando
a fuego lento, mientras tu sigues caminando y a tu paso vas consiguiendo
más ingredientes que le den textura y la llenen de sabor, porque aunque
tiene infinidad de componentes y recuerdos aun le faltan muchos años para estar
lista.
Natali Echverri
Septiembre de 2010