De esos que andan por ahí, en la calle, que me miran, me hablan, me escriben, pero no saben nada de mi, desconocidos que regalan rosas ignorando que odio ese tipo de flor, que timbran una y otra vez... Una llamada perdida, dos, cinco y si, al final contesto, evidentemente no saben lo poco que disfruto hablando por teléfono y sigo ahí, vomitando palabras de mala gana por no ser descortés, tratando de terminar la conversación.
Desconocidos gracias a los cuales hace algunos días un reloj cuelga de mi muñeca, lo he mirado varias veces para arreglarlo, para acomodarlo, para ajustarlo, hasta para pensar que se ve bonito, pero jamás para ver la hora... otra de esas cosas que no saben los desconocidos, no me gustan los relojes, no me gusta su tic-tac contando cada minuto perdido o ganado.
Desconocidos que me ofrecen café, whiskey, ginebra, con los que he visto películas de comedia rosa y hasta comido papás con sal, en fin, en eso se basa construir de nuevo, empezar a disfrutar lo impensable, compartir, hasta cambiar, quizás algún día se conviertan en conocidos...o sigan perdidos como decorado que habla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario